MARÍA EUGENIA Haya2018-07-15T06:11:17+00:00

Project Description

“La expresión de esa energía que de forma única se derrama sobre los muros en las pinturas populares, que da colorido a los gestos y significado a las creencias y a los ritos…”

Foto: Cortesía del Archivo de la Fototeca de Cuba.

DECLARACIÓN DE ARTISTA. Desde su óptica fantasiosa, lo latinoamericano emerge en las visiones poéticas de una realidad que desborda la más exuberante imaginación.

La expresión de esa energía que de forma única se derrama sobre los muros en las pinturas populares, que da colorido a los gestos y significado a las creencias y a los ritos, nos remite a nuestra forma de ver el mundo, particular y legítima, a pesar de lo absurdo que pueda parecer a ojos ajenos.

El temperamento y la emotividad que engendraron lo que Carpentier llamó lo “real maravilloso” o el “realismo mágico” de García Márquez, son los hilos conductores que guían la mirada del fotógrafo que se “conecte” con nuestra existencia. ¿Dónde buscar lo maravilloso sino en nosotros mismos? En esta realidad mestiza, loca, disparatada, rica e intensa, que nos brinda cada día la vida cotidiana. (Mónica Villares Ferrer. “Tras los pasos de Marucha” en Luna Córnea. (México DF) No. 34. 2013, p. 61-62).

MARÍA EUGENIA Haya

(1944 – 1991)

BIOGRAFÍA. María Eugenia Haya, mejor conocida como Marucha, nació en La Habana, Cuba, en 1944. Entre 1962 y 1963 estudió en el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC). Al año siguiente fue alumna de Historia de la Fotografía en el curso impartido por Mario Rodríguez Alemán. Entre 1964 y 1965, junto a Mario García Joya, quien también fue su compañero de vida, se preparó como fotógrafa al tiempo que trabajaba en el Departamento de Orientación Revolucionaria del Comité Central del Partido Comunista de Cuba. En 1979 se tituló en la carrera de Lenguas y Letras Hispánicas en la Universidad de La Habana con la especialidad en Estudios Cubanos. Fue fotógrafa, historiadora y conferencista, desempañando un papel fundamental en la divulgación de la fotografía cubana en otros países, así como directora fundadora de la Fototeca de Cuba en 1986, donde laboró hasta que sobrevino su muerte, en 1991.

Su carrera como fotógrafa profesional la llevó a participar en importantes proyectos en otras áreas de las artes, como es el caso del cine, en el que se desempeñó como realizadora de fotografías fijas en diversos filmes, entre los que podemos citar La última cena, rodada en Cuba, en 1976, bajo la dirección de Tomás Gutiérrez Alea (…) En su labor de historiadora, se le reconocen los méritos de haber sido pionera en la organización del material fotográfico producido en Cuba durante los primeros años de la Revolución cubana y en el acopio de datos sobre los inicios de la historia de la fotografía cubana (…) Marucha fue reconocida con diversos lauros y sus obras se exhibieron en más de cuarenta muestras tanto en Cuba como en otros países. Este número se ha duplicado en el período transcurrido desde su muerte hasta el día de hoy, con muestras como Homenaje a Marucha, que la Fototeca organizó en 1994. El trabajo de María Eugenia Haya ha sido referenciado en A World History of Photography, Latin American Women Artists, El cuerpo habitado. Fotografía cubana para un fin del milenio, así como un número significativo de revistas especializadas. Sus obras forman parte de colecciones en instituciones como el Centre National de Photographie de París, el Museum of Contemporary Photography de Chicago y el Centro de la Imagen en la ciudad de México. (Mónica Villares Ferrer, 2013).

DECLARACIÓN DE PROYECTO. En las fotografías de Marucha, por ejemplo sus series La peña de Sirique, 1970, En el Lyceum, 1979, En el salón El Mamoncillo, 1983 o incluso su fotomosaico Sin título, 1983, encontramos una postura culturológica, antropológica y etnográfica que indaga sobre particularidades culturales de diferentes escenarios populares cubanos. Retrata con fuerte impacto psicológico a parejas de ancianos bailando en antiguos Liceos, a músicos profesionales o amateur en sus peñas y clubes populares, a grupos de música tradicional o a grupos de bailadores, a adolescentes en la Escuela al Campo, a niños, jóvenes y familias, asimismo se acerca al ritual de las “quinceañeras”, o realiza “fotos de novia” a jóvenes casaderas.

Y es que Marucha participa de una corriente o tendencia que intentaba renovar el sentido épico de la vida cubana con el espacio y la vida cotidianas, con la gente común y donde su mirada anticipa un matiz de “subjetividad individual o grupal” que aportan al discurso “identitario” de la nación cubana una perspectiva de género, raza y grupos sociales diferente, aunque disuelta –no obstante- entre fuertes signos de una temporalidad históricas, colectiva, o comunitarias. (Dannys Montes de Oca, 2007)

Foto: Cortesía del Archivo de la Fototeca de Cuba.

MARÍA EUGENIA Haya

(1944 – 1991)

BIOGRAFÍA. María Eugenia Haya, mejor conocida como Marucha, nació en La Habana, Cuba, en 1944. Entre 1962 y 1963 estudió en el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC). Al año siguiente fue alumna de Historia de la Fotografía en el curso impartido por Mario Rodríguez Alemán. Entre 1964 y 1965, junto a Mario García Joya, quien también fue su compañero de vida, se preparó como fotógrafa al tiempo que trabajaba en el Departamento de Orientación Revolucionaria del Comité Central del Partido Comunista de Cuba. En 1979 se tituló en la carrera de Lenguas y Letras Hispánicas en la Universidad de La Habana con la especialidad en Estudios Cubanos. Fue fotógrafa, historiadora y conferencista, desempañando un papel fundamental en la divulgación de la fotografía cubana en otros países, así como directora fundadora de la Fototeca de Cuba en 1986, donde laboró hasta que sobrevino su muerte, en 1991.

Su carrera como fotógrafa profesional la llevó a participar en importantes proyectos en otras áreas de las artes, como es el caso del cine, en el que se desempeñó como realizadora de fotografías fijas en diversos filmes, entre los que podemos citar La última cena, rodada en Cuba, en 1976, bajo la dirección de Tomás Gutiérrez Alea (…) En su labor de historiadora, se le reconocen los méritos de haber sido pionera en la organización del material fotográfico producido en Cuba durante los primeros años de la Revolución cubana y en el acopio de datos sobre los inicios de la historia de la fotografía cubana (…) Marucha fue reconocida con diversos lauros y sus obras se exhibieron en más de cuarenta muestras tanto en Cuba como en otros países. Este número se ha duplicado en el período transcurrido desde su muerte hasta el día de hoy, con muestras como Homenaje a Marucha, que la Fototeca organizó en 1994. El trabajo de María Eugenia Haya ha sido referenciado en A World History of Photography, Latin American Women Artists, El cuerpo habitado. Fotografía cubana para un fin del milenio, así como un número significativo de revistas especializadas. Sus obras forman parte de colecciones en instituciones como el Centre National de Photographie de París, el Museum of Contemporary Photography de Chicago y el Centro de la Imagen en la ciudad de México. (Mónica Villares Ferrer, 2013).

“La expresión de esa energía que de forma única se derrama sobre los muros en las pinturas populares, que da colorido a los gestos y significado a las creencias y a los ritos…”

DECLARACIÓN DE ARTISTA. Desde su óptica fantasiosa, lo latinoamericano emerge en las visiones poéticas de una realidad que desborda la más exuberante imaginación.

La expresión de esa energía que de forma única se derrama sobre los muros en las pinturas populares, que da colorido a los gestos y significado a las creencias y a los ritos, nos remite a nuestra forma de ver el mundo, particular y legítima, a pesar de lo absurdo que pueda parecer a ojos ajenos.

El temperamento y la emotividad que engendraron lo que Carpentier llamó lo “real maravilloso” o el “realismo mágico” de García Márquez, son los hilos conductores que guían la mirada del fotógrafo que se “conecte” con nuestra existencia. ¿Dónde buscar lo maravilloso sino en nosotros mismos? En esta realidad mestiza, loca, disparatada, rica e intensa, que nos brinda cada día la vida cotidiana. (Mónica Villares Ferrer. “Tras los pasos de Marucha” en Luna Córnea. (México DF) No. 34. 2013, p. 61-62).

DECLARACIÓN DE PROYECTO. En las fotografías de Marucha, por ejemplo sus series La peña de Sirique, 1970, En el Lyceum, 1979, En el salón El Mamoncillo, 1983 o incluso su fotomosaico Sin título, 1983, encontramos una postura culturológica, antropológica y etnográfica que indaga sobre particularidades culturales de diferentes escenarios populares cubanos. Retrata con fuerte impacto psicológico a parejas de ancianos bailando en antiguos Liceos, a músicos profesionales o amateur en sus peñas y clubes populares, a grupos de música tradicional o a grupos de bailadores, a adolescentes en la Escuela al Campo, a niños, jóvenes y familias, asimismo se acerca al ritual de las “quinceañeras”, o realiza “fotos de novia” a jóvenes casaderas.

Y es que Marucha participa de una corriente o tendencia que intentaba renovar el sentido épico de la vida cubana con el espacio y la vida cotidianas, con la gente común y donde su mirada anticipa un matiz de “subjetividad individual o grupal” que aportan al discurso “identitario” de la nación cubana una perspectiva de género, raza y grupos sociales diferente, aunque disuelta –no obstante- entre fuertes signos de una temporalidad históricas, colectiva, o comunitarias. (Dannys Montes de Oca, 2007)

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