CARLOTTA Boettcher2018-09-04T03:10:33+00:00

Project Description

Nunca pedí a nadie que “posara” para mí, mayormente me dedique a observar y esperar el “momento crítico”,  y como pueden imaginar, no todas las imágenes resultaron a mi gusto...”

Foto: Cortesía de la artista.

DECLARACIÓN DE ARTISTA. Llegué a San Francisco en 1971 como “extranjera” a la cultura Americana, a la ciudad en sí, y a los tiempos que corrían en aquel entonces…. Mi amor por la ciudad y el deseo de documentar lo que vi me vino de las personas que conocí, observé y luego fotografié.

Hablaban por sí mismos, eligieron aparecer en el escenario público tal cual querían ser vistos por todos. Siempre me sorprendió -yo venía de Europa, donde las personas eran mucho más “grises” en su presentación pública- la habilidad de algunos sanfranciscanos, de vivir en público partes de su vida privada. Esta libertad fue algo nuevo para mí.

La vitalidad y la energía de esta libertad se difundía por la ciudad en esa época, y le dio a la ciudad su estilo único y particular. Esto me llamó la atención de modo profundo y decidí crear las imágenes.

Nunca pedí a nadie que “posara” para mí, mayormente me dediqué a observar y esperar el “momento crítico”,  y como pueden imaginar, no todas las imágenes resultaron a mi gusto…

Mayormente utilicé un lente de 24mm para enmarcar el objetivo principal dentro del “paisaje urbano”, y en otras ocasiones estaba a una distancia mayor y utilicé el lente de 90mm, lente perfecto para estar a una cierta distancia y observar el desarrollo de una escena que ocurría delante de mí en el momento.

Hay una imagen en particular que nunca hubiera sido tan importante… Me encontraba un día en el barrio afroamericano conocido como Fillmore en el Western Addition donde las casas habían sido quemadas en el centro de la ciudad. Nunca había visto un suceso similar en mi vida -ni en Cuba, Madrid o Paris- donde personas quemaban un barrio residencial para destruir la comunidad y sacar beneficio económico de ello al renovar su nuevo desarrollo.

Yo estaba fotografiando un grupo de edificios estilo victoriano que habían sido destruidos por el fuego y en el momento de apuntar la cámara, preparándome para hacer la imagen, un niño salió corriendo de las ruinas hacia mí y me sorprendió. Yo pensé que se iba a oponer a la fotografía, pero no, de repente se situó estratégicamente dentro de la composición de la imagen. Me ayudó a crear una imagen extraordinaria de lo que hubiera sido simplemente una imagen de ruina urbana; y me hizo consciente que familias con niños habitaban esas casas arruinadas por el fuego. El niño se mantuvo a distancia, nunca se acercó ni habló… Yo incliné la cabeza en señal de agradecimiento… segundos más tardes nos alejamos en direcciones opuestas. Vi esta imagen como un regalo importante.

CARLOTTA Boettcher

(1945 –     )

BIOGRAFÍA. Carlotta Boettcher, hija de padres extranjeros, nació en 1945 en La Habana y pasó la mayor parte de su adolescencia entre La Habana y la Cuba rural. Su padre, empresario e industrialista de origen alemán, se dedicó a la producción comercial de recursos agrícolas y marinos. En ese contexto, la familia se trasladó frecuentemente de un extremo a otro de la Isla, residiendo en los terrenos cercanos a los sitios de labor paterna. En palabras de la artista, desde temprana edad se rebelaba contra el hecho de sentirse obligada a ejecutar los planes de sus padres para ella, incluidas las actividades seleccionadas sobre la base de ser las más adecuadas para una chica de su entorno. Boettcher montaba a caballo, cruzaba vallas, visitaba agricultores y familiares vecinos, pero sobre todo, se sintió maravillada por la maquinaria y el equipo industrial. Las fábricas de su padre fueron áreas de juego mucho más atractivas que la vida académica de las monjas y hermanas católicas donde perfeccionó las tareas obligatorias de punto de cruz, bordado y tejido.

Carlotta Boettcher abandonó abruptamente Cuba en el otoño de 1960. Posteriormente desarrollaría estudios en Filosofía e Historia del Arte en la Universidad de Madrid entre 1963 y 1968, de grabado en la Ecole Nationale des Beaux Arts en París, entre 1968 y 1971, una Licenciatura en Bellas Artes con especialización en Fotografía en San Francisco State University (1977) y una Maestría en Antropología Visual en San Francisco University (1985).

Foto: Cortesía de la artista.

CARLOTTA Boettcher

(1945 –     )

BIOGRAFÍA. Carlotta Boettcher, hija de padres extranjeros, nació en 1945 en La Habana y pasó la mayor parte de su adolescencia entre La Habana y la Cuba rural. Su padre, empresario e industrialista de origen alemán, se dedicó a la producción comercial de recursos agrícolas y marinos. En ese contexto, la familia se trasladó frecuentemente de un extremo a otro de la Isla, residiendo en los terrenos cercanos a los sitios de labor paterna. En palabras de la artista, desde temprana edad se rebelaba contra el hecho de sentirse obligada a ejecutar los planes de sus padres para ella, incluidas las actividades seleccionadas sobre la base de ser las más adecuadas para una chica de su entorno. Boettcher montaba a caballo, cruzaba vallas, visitaba agricultores y familiares vecinos, pero sobre todo, se sintió maravillada por la maquinaria y el equipo industrial. Las fábricas de su padre fueron áreas de juego mucho más atractivas que la vida académica de las monjas y hermanas católicas donde perfeccionó las tareas obligatorias de punto de cruz, bordado y tejido.

Carlotta Boettcher abandonó abruptamente Cuba en el otoño de 1960. Posteriormente desarrollaría estudios en Filosofía e Historia del Arte en la Universidad de Madrid entre 1963 y 1968, de grabado en la Ecole Nationale des Beaux Arts en París, entre 1968 y 1971, una Licenciatura en Bellas Artes con especialización en Fotografía en San Francisco State University (1977) y una Maestría en Antropología Visual en San Francisco University (1985).

Nunca pedí a nadie que “posara” para mí, mayormente me dedique a observar y esperar el “momento crítico”,  y como pueden imaginar, no todas las imágenes resultaron a mi gusto...”

DECLARACIÓN DE ARTISTA. Llegué a San Francisco en 1971 como “extranjera” a la cultura Americana, a la ciudad en sí, y a los tiempos que corrían en aquel entonces…. Mi amor por la ciudad y el deseo de documentar lo que vi me vino de las personas que conocí, observé y luego fotografié.

Hablaban por sí mismos, eligieron aparecer en el escenario público tal cual querían ser vistos por todos. Siempre me sorprendió -yo venía de Europa, donde las personas eran mucho más “grises” en su presentación pública- la habilidad de algunos sanfranciscanos, de vivir en público partes de su vida privada. Esta libertad fue algo nuevo para mí.

La vitalidad y la energía de esta libertad se difundía por la ciudad en esa época, y le dio a la ciudad su estilo único y particular. Esto me llamó la atención de modo profundo y decidí crear las imágenes.

Nunca pedí a nadie que “posara” para mí, mayormente me dediqué a observar y esperar el “momento crítico”,  y como pueden imaginar, no todas las imágenes resultaron a mi gusto…

Mayormente utilicé un lente de 24mm para enmarcar el objetivo principal dentro del “paisaje urbano”, y en otras  ocasiones estaba a una distancia mayor y utilicé el lente de 90mm, lente perfecto para estar a una cierta distancia y observar el desarrollo de una escena que ocurría delante de mí en el momento.

Hay una imagen en particular que nunca hubiera sido tan importante… Me encontraba un día en el barrio afroamericano conocido como Fillmore en el Western Addition donde las casas habían sido quemadas en el centro de la ciudad. Nunca había visto un suceso similar en mi vida -ni en Cuba, Madrid o Paris- donde personas quemaban un barrio residencial para destruir la comunidad y sacar beneficio económico de ello al renovar su nuevo desarrollo.

Yo estaba fotografiando un grupo de edificios estilo victoriano que habían sido destruidos por el fuego y en el momento de apuntar la cámara, preparándome para hacer la imagen, un niño salió corriendo de las ruinas hacia mí y me sorprendió. Yo pensé que se iba a oponer a la fotografía, pero no, de repente se situó estratégicamente dentro de la composición de la imagen. Me ayudó a crear una imagen extraordinaria de lo que hubiera sido simplemente una imagen de ruina urbana; y me hizo consciente que familias con niños habitaban esas casas arruinadas por el fuego. El niño se mantuvo a distancia, nunca se acercó ni habló… Yo incliné la cabeza en señal de agradecimiento… segundos más tardes nos alejamos en direcciones opuestas. Vi esta imagen como un regalo importante.

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