SOBRE UNA FOTOGRAFÍA FEMENINA DEL NUEVO MILENIO EN CUBA

Ana G. Ballate / La Habana, 2014.

La fotografía hecha por mujeres en Cuba desde el año 2000 hacia la fecha, se ha comportado de maneras diversas. Son muchos los exponentes de este fenómeno en la Isla, sin embargo, salen a relucir nombres que hoy conforman el amplio panorama visual de nuestro arte contemporáneo, e inquietan por los temas, las concepciones, las preocupaciones estéticas y la apropiación de los géneros.

Las creadoras, en su mayoría autodidactas en la manifestación, aunque muchas han egresado o estudian en el Instituto Superior de Arte (ISA), han conducido sus lentes, como hicieron sus predecesores, a revelar ciertas zonas inquietantes de la realidad, sin algún tabú que las limitara. Ya desde inicios del último decenio del siglo se mitigaban los rastros de desigualdad en las representaciones de género. Las creadoras del lente se apropiaron del medio digital y analógico como cualquier otro artista, enfocando con mayor facilidad el designio de lograr una nueva estética que transformara las mentes colectivas a nivel social.

Los discursos presentados por estas mujeres han sido diversos. Desde dos vertientes fundamentales: la fotografía documental y la fotografía conceptual, cada una de ellas ha reflejado sus preocupaciones.

En el nuevo milenio, algunas fotógrafas cubanas se adentraron en el discurso de género y en sus implicaciones desde el “yo”, como muestran los autorretratos y manipulaciones fotográficas de Lisandra Isabel García o Arianne Suárez, quienes, se emplean como modelo para discursar sobre el poder femenino y subvertir los valores de poder masculino. En esta línea discursiva se ha destacado también, mucho más cruda y agresivamente, Hurí Herrera, con la representación de falos y vaginas conformadas con trozos de carne, a los que propone la solución visual de mutilarlos, a partir de la inclusión de elementos como cuchillos.

Por otra parte, fotógrafas como Leysis Quesada, se han adentrado, desde lo documental, en esta noción, a partir del empleo de sus hijas como modelos femeninos, así como desde la búsqueda de temas que ponen de manifiesto el sentimiento maternal, ajeno a la fotografía hecha por hombres (dígase su serie de las Monjas o X).

La fotografía como goce ha provocado que se enfoquen hacia diferentes estéticas para lograr un fin. Es así como algunas prefieren lo documental, otras lo conceptual, otras desdibujar los límites entre estas dos líneas, y otras subvertir los patrones de la manifestación, con la creación de obras que se confunden por su pertenencia a una u otra expresión.

Los discursos temáticos que proliferan con más y menos fuerza son aquellos abocados a las realidades efímeras, la introspectividad, el compromiso social y humano, y la identidad desde diferentes puntos de vista, por solo mencionar algunos. Las obras de estas mujeres son reflejo del desarrollo de la expresión individualizada y socializada de una subjetividad femenina, la cual se cuestiona sus modelos de existencia y realización, así como sus variantes críticas y de subversión, que ha logrado no solo apropiarse de lo fotográfico sino, también, de transformarlo. El análisis de tópicos existencialistas (la vejez, el paso del tiempo y la soledad), sociales (las miserias humanas, la raza, el género, la cultura popular, la identidad, la religión, la emigración y la homosexualidad), o cuestiones más específicas, como las formas de abordar el erotismo, subvertir estereotipos y construir realidades, desde las posturas en que estas creadoras lo realizan, es un elemento primordial de esta fotografía heredera y continuadora de la década de los noventa. El conocimiento de nuevas técnicas de laboratorio, la manipulación fotográfica como forma de creación artística, y la búsqueda de una imagen más propia, que verse desde lo individual sobre lo universal, signan la originalidad de estas artistas.

Aunque sus propuestas son femeninas, no todas se enfocan al género. Pero como línea discursiva, la autorreferencialidad, de disímiles maneras, está presente en cada una de ellas. El énfasis en el tratamiento de temas intrascendentes e íntimos, vinculados a sucesos personales, es notable en cada una de sus series. Desde una marcada sensibilidad femenina, estas mujeres miran hacia varias filosofías, buscan un nuevo héroe y tratan de volcar lo ya reconocido hasta entonces para convertirse, durante ese camino, en la expresión más actual de la fotografía cubana.

Notas:
Este artículo fue publicado originalmente en el sitio Art OnCuba.
Cada artículo expresa exclusivamente las opiniones, declaraciones y acercamientos de sus autores y es responsabilidad de los mismos. Los artículos pueden ser reproducidos total o parcialmente citando la fuente y sus autores.
Sobre la autora:
Ana Gabriela Ballate (La Habana, 1990) Licenciada en Historia del Arte en la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana.Trabajó como especialista en el Programa de Culturas Originarias de América en Casa de las Américas. Actualmente se desempeña como Asistente de Dirección de Galleria Continua en La Habana.
Imágenes destacadas en el artículo:
Leysis Quesada. Avril y Thalía en la azotea, 2017. Fotografía digital. © Leysis Quesada. Cortesía de la artista.

Ana G. Ballate / La Habana, 2014.

La fotografía hecha por mujeres en Cuba desde el año 2000 hacia la fecha, se ha comportado de maneras diversas. Son muchos los exponentes de este fenómeno en la Isla, sin embargo, salen a relucir nombres que hoy conforman el amplio panorama visual de nuestro arte contemporáneo, e inquietan por los temas, las concepciones, las preocupaciones estéticas y la apropiación de los géneros.

Las creadoras, en su mayoría autodidactas en la manifestación, aunque muchas han egresado o estudian en el Instituto Superior de Arte (ISA), han conducido sus lentes, como hicieron sus predecesores, a revelar ciertas zonas inquietantes de la realidad, sin algún tabú que las limitara. Ya desde inicios del último decenio del siglo se mitigaban los rastros de desigualdad en las representaciones de género. Las creadoras del lente se apropiaron del medio digital y analógico como cualquier otro artista, enfocando con mayor facilidad el designio de lograr una nueva estética que transformara las mentes colectivas a nivel social.

Los discursos presentados por estas mujeres han sido diversos. Desde dos vertientes fundamentales: la fotografía documental y la fotografía conceptual, cada una de ellas ha reflejado sus preocupaciones.

En el nuevo milenio, algunas fotógrafas cubanas se adentraron en el discurso de género y en sus implicaciones desde el “yo”, como muestran los autorretratos y manipulaciones fotográficas de Lisandra Isabel García o Arianne Suárez, quienes, se emplean como modelo para discursar sobre el poder femenino y subvertir los valores de poder masculino. En esta línea discursiva se ha destacado también, mucho más cruda y agresivamente, Hurí Herrera, con la representación de falos y vaginas conformadas con trozos de carne, a los que propone la solución visual de mutilarlos, a partir de la inclusión de elementos como cuchillos.

Por otra parte, fotógrafas como Leysis Quesada, se han adentrado, desde lo documental, en esta noción, a partir del empleo de sus hijas como modelos femeninos, así como desde la búsqueda de temas que ponen de manifiesto el sentimiento maternal, ajeno a la fotografía hecha por hombres (dígase su serie de las Monjas o X).

La fotografía como goce ha provocado que se enfoquen hacia diferentes estéticas para lograr un fin. Es así como algunas prefieren lo documental, otras lo conceptual, otras desdibujar los límites entre estas dos líneas, y otras subvertir los patrones de la manifestación, con la creación de obras que se confunden por su pertenencia a una u otra expresión.

Los discursos temáticos que proliferan con más y menos fuerza son aquellos abocados a las realidades efímeras, la introspectividad, el compromiso social y humano, y la identidad desde diferentes puntos de vista, por solo mencionar algunos. Las obras de estas mujeres son reflejo del desarrollo de la expresión individualizada y socializada de una subjetividad femenina, la cual se cuestiona sus modelos de existencia y realización, así como sus variantes críticas y de subversión, que ha logrado no solo apropiarse de lo fotográfico sino, también, de transformarlo. El análisis de tópicos existencialistas (la vejez, el paso del tiempo y la soledad), sociales (las miserias humanas, la raza, el género, la cultura popular, la identidad, la religión, la emigración y la homosexualidad), o cuestiones más específicas, como las formas de abordar el erotismo, subvertir estereotipos y construir realidades, desde las posturas en que estas creadoras lo realizan, es un elemento primordial de esta fotografía heredera y continuadora de la década de los noventa. El conocimiento de nuevas técnicas de laboratorio, la manipulación fotográfica como forma de creación artística, y la búsqueda de una imagen más propia, que verse desde lo individual sobre lo universal, signan la originalidad de estas artistas.

Aunque sus propuestas son femeninas, no todas se enfocan al género. Pero como línea discursiva, la autorreferencialidad, de disímiles maneras, está presente en cada una de ellas. El énfasis en el tratamiento de temas intrascendentes e íntimos, vinculados a sucesos personales, es notable en cada una de sus series. Desde una marcada sensibilidad femenina, estas mujeres miran hacia varias filosofías, buscan un nuevo héroe y tratan de volcar lo ya reconocido hasta entonces para convertirse, durante ese camino, en la expresión más actual de la fotografía cubana.

Notas:
Este artículo fue publicado originalmente en el sitio Art OnCuba.
Cada artículo expresa exclusivamente las opiniones, declaraciones y acercamientos de sus autores y es responsabilidad de los mismos. Los artículos pueden ser reproducidos total o parcialmente citando la fuente y sus autores.
Sobre la autora:
Ana Gabriela Ballate (La Habana, 1990) Licenciada en Historia del Arte en la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana.Trabajó como especialista en el Programa de Culturas Originarias de América en Casa de las Américas. Actualmente se desempeña como Asistente de Dirección de Galleria Continua en La Habana.
Imágenes destacadas en el artículo:
Leysis Quesada. Avril y Thalía en la azotea, 2017. Fotografía digital. © Leysis Quesada. Cortesía de la artista.
2018-09-03T15:26:58+00:00
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