ALDEIDE DELGADO PRESENTA EL PRIMER CATÁLOGO DE FOTÓGRAFAS CUBANAS

Ena Columbié / Miami, 2016.

Aldeide Delgado es una joven teórica que estudió Historia del Arte en la Universidad de La Habana. Le preocupan los temas de género, raza, fotografía y abstracción dentro de las prácticas artísticas contemporáneas. Ha participado en varios eventos de la Universidad de La Habana, Casa de Las Américas, la Biblioteca Nacional de Cuba y la 12ma. Bienal de La Habana; y para darle más coherencia a los temas que le interesan, se ha enfrascado en la conformación del primer Catálogo de Fotógrafas Cubanas. Delgado estará dictando una conferencia sobre el tema en el CCEMiami, y hacia ella van dirigidas estas preguntas que ahora responde para el Nuevo Herald.

Ena Columbie: Antes de entrar en materia, me han dicho que acabas de ganar una beca sobre arte. ¡Enhorabuena! ¿Me cuentas eso?

Aldeide Delgado: Recibí hace aproximadamente dos meses una Beca de Investigación y Producción de Texto Crítico expedida por Teor/ética, un espacio para la investigación y difusión de las prácticas artísticas contemporáneas en Centroamérica y el Caribe. Teor/ética tiene su sede en Costa Rica y se ha consolidado como uno de los proyectos culturales más dinámicos en Latinoamérica con proyección y reconocimiento a escala global. Es una plataforma orientada a promover y desarrollar un pensamiento crítico en torno a las características culturales, políticas y sociales de la región en estrecha relación con el arte.

EC: Resulta muy interesante, oportuna y provechosa esa beca, ahora, con el catálogo que te has propuesto realizar. ¿Dará visibilidad solo a las fotógrafas cubanas que viven en la isla o también a las que se encuentran fuera?

AD: El Catálogo de Fotógrafas Cubanas deviene espacio de inclusión donde las mujeres que hayan trabajado la fotografía encontrarán visibilidad. Se atienden los aportes ideo-estéticos así como la significación que desde una perspectiva de género tienen algunas creadoras –hoy en día inactivas por ejemplo–. Se procura ofrecer un escenario que provea de paradigmas a las fotógrafas contemporáneas, a la vez, que permita contribuir a suplir las carencias que aun ostenta la historiografía de la manifestación. Si bien, el criterio de selección de las fotógrafas no está ceñido por delimitaciones numéricas apriorísticas, ni por las especificidades regionales; resulta necesario establecer algunas taxonomías. En este proyecto se consideran artistas que nacen y desarrollan su obra en Cuba, artistas cubanas que residen temporal o definitivamente en el extranjero, y artistas que, a pesar de no haber nacido en Cuba, han desarrollado de forma constante en el país una parte importante de su obra.

EC: Muy poco se habla de la fotografía en serio, siempre ha habido un estigma para considerarla arte; con las mujeres sucede peor, ¿puedes demostrar con tu conferencia que el trabajo fotográfico de las mujeres que incluyes, son dignos de presentarse como universales, sin la cerca de los géneros?

AD: Esta pregunta es muy peligrosa. En primer lugar, establecer la nominación «cerca de los géneros» implica reconocer cierto grado de limitación o reduccionismo en este tipo de análisis, al tiempo que ratifica el temor de diversas artistas a ser insertas en estudios con este enfoque. Una perspectiva de género más allá de cualquier noción excluyente nos salva del riesgo de invisibilizar y desconocer las especificidades de contextos artísticos diferentes. La investigadora y antropóloga Marta Lamas ha expresado en este sentido: «es un error pensar que hablar de género o de perspectiva de género es referirse a las mujeres o a la perspectiva del sexo femenino (…) una perspectiva de género impacta a mujeres y hombres y beneficia al conjunto de la sociedad, al levantar obstáculos y discriminaciones».

Ahora bien, tu interrogante tiene un segundo riesgo: ¿Qué es lo universal? O ¿Cuáles son los valores que tomamos por universales? Los estudios feministas y de manera general, las corrientes teóricas que afloraron desde la segunda mitad del siglo pasado –estudios postcoloniales, pensamiento postmoderno, estudios de masculinidades, etc.- han dedicado amplios volúmenes a la discusión de un criterio universal y esencialista que asume los cánones del sujeto masculino, blanco, católico y heterosexual. Si recordamos a Bourdieu en Razones prácticas: sobre la teoría de acción, el autor plantea que el monopolio de lo universal solo puede lograrse por medio de la sumisión –al menos aparente- a lo universal. Los valores universales son –continúa Bourdieu- valores particulares universalizados, por lo tanto sujetos a sospecha. La cultura universal es la cultura de los dominantes. De tal modo, solo resta aclarar que la perspectiva de género así como los métodos sociológico, historiográfico, semiótico, antropológico, etc. constituyen una herramienta más, para el enriquecimiento del discurso crítico en torno a la praxis artística.

EC: ¿Cuáles son los parámetros, los criterios de selección, que escogiste para el catálogo?

AD: Anteriormente enuncié algunos de los elementos tomados en cuenta para la inclusión de las artistas en el Catálogo de Fotógrafas Cubanas. Sin embargo, vale destacar la incorporación de autoras que trabajan diferentes medios como el performance, la instalación, el video y la fotografía. En el caso de estas, el Catálogo se restringe a evidenciar su labor como fotógrafas. Se asume como fundamento la vocación perceptible y constante de las creadoras hacia la manifestación fotográfica en particular, así como el reconocimiento que de ello hagan las fuentes bibliográficas.

Se consideran artistas que trabajan áreas como lo documental, el estudio u otras vertientes más hacia lo experimental y lo instalativo. Asimismo, se valoran aquellas donde la fotografía deviene instrumento idóneo para la documentación de hechos artísticos, como por ejemplo la intervención del paisaje. Me interesa destacar la riqueza temática y formal que determinados proyectos pudieran tributar a una historiografía de la manifestación.

Por otro lado, se atienden las características que cronológicamente asume la fotografía en Cuba. No se analizan por igual a las creadoras de antes y después de la década del ochenta del siglo XX. Esta etapa constituye un período de transición, en la medida que posibilita sentar las bases para la inserción de la fotografía en el escenario artístico cubano. Si antes, la fotografía estaba íntimamente ligada al fotorreporterismo, con el arribo de la década de los 80, las(os) fotógrafas(os) contaron con la anuencia in crescendo de espacios expositivos y de divulgación crítica. Las peculiaridades que entraña la realización de un proyecto tan abarcador y perfectible sin duda alguna, conlleva a establecer ciertos límites en estrecha relación con los objetivos que nos ocupan. De este modo, fotógrafas contemporáneas –entiéndase desde la década del ochenta en lo adelante- de la fotografía submarina, deportiva, de caza y periodística en su más amplia acepción no se tienen en cuenta durante esta etapa del proyecto. Se favorece la propuesta de autor, la singularidad lingüística y la significación de las imágenes en un horizonte de expectativas epocales.

EC: Sabemos que la española Encarnación Aróstegui está considerada la primera fotógrafa cubana porque fue la primera que hizo un daguerrotipo, pero, ¿cuán remoto es lo que has encontrado sobre el tema en Cuba? ¿Se queda ahí, o hay algo más atrás?

AD: Encarnación Iróstegui es considerada la primera fotógrafa en la historia del lente en Cuba no porque fue la primera que hizo un daguerrotipo, sino porque de ella se han encontrado evidencias en una fecha más temprana. Se sabe que existían varias fotógrafas actuando durante la época, Jorge Oller en su texto Grandes momentos del fotorreportaje cubano. La primera mujer fotógrafa de Cuba menciona a la matancera Isolina Amézaga durante la década de 1880 o aproximadamente 16 años después, a Clara García con su estudio de Compostela No. 60 en La Habana. También María Eugenia Haya en Sobre la fotografía cubana reconoce a Francisca Maderno como la primera mujer daguerrotipista junto a Encarnación Iróstegui. Sin embargo, no se han hallado datos que antecedan la publicación que hizo, el 4 de febrero de 1853, el Diario de La Marina donde anunció los servicios de Encarnación Iróstegui, en su galería situada en O´Reilly No. 60 entre Bernaza y Villegas.

EC: ¿Cuál es entonces la cubana, cubana, nacida en Cuba que primeramente hizo el ejercicio de la fotografía?

AD: Es muy difícil responder esta pregunta porque se carece de mucha información respecto a las fotógrafas del siglo XIX. Datos como fecha y lugares de nacimiento o muerte no es información que arrojan los censos poblaciones ni los anuarios y directorios de la Isla de Cuba. Por ejemplo, el Informe sobre el Censo de Cuba de 1899 en la Tabla XXXI Profesiones, Artes y Oficios por sexos y lugares de nacimiento establece que de 7 fotógrafas, 6 eran cubanas y una provenía de Estados Unidos. Podemos comparar esta información con las otras fotógrafas registradas mediante la prensa de la época, como por ejemplo Ida Concha o Rosa Valdés, pero datos respecto a la nacionalidad específica, son elementos que no se pueden aseverar por la carencia de documentación en este sentido.

EC: ¿Y cuál es la primera que lo hizo como arte?

AD: Sería inexacto y reduccionista establecer este tipo de límites. Si me preguntas de la fotografía alejada del mero documento periodístico o etnográfico con pretensiones publicitarias o científicas, tal vez habría que pensar en las creadoras del Club Fotográfico de Cuba (1935-1962), institución que tenía como perfil el promover y fomentar la fotografía creativa. También, durante el período republicano la revista Social (1916-1933/1935-1938) devino vehículo fundamental para la promoción de la fotografía artística en el país. En ambos, el Club Fotográfico y la Revista Social hubo exponentes fotógrafas.

EC: ¿Hacia qué tema se inclina más la fotografía de mujeres?

AD: Y, ¿hacia qué tema se inclina más la fotografía de hombres? Es evidente que nuestra condición como mujeres u hombres, nuestras experiencias de vida de manera general condicionan nuestro acercamiento al medio artístico. De ahí que estudios como la práctica autorreferencial, por ejemplo, asuman una perspectiva tan compleja, pues de algún modo u otro, existen determinados elementos o puntos de análisis provocados por el marco social y cultural donde se desarrolla el individuo y que quedan plasmados en las obras. En este sentido, desde los años sesenta del siglo pasado emergieron varias fotógrafas cuya obra se orientó a la problematización del sujeto femenino, la documentación de identidades múltiples y diversas, el reflejo de las creencias y culturas populares, etc. en una dimensión que si bien partía de las historias y herencias personales tributaban (tan) hacia la construcción de un discurso crítico de la sociedad. Pienso por ejemplo en la impronta fotográfica de Ana Mendieta donde sus fotografías, ha dicho Gerardo Mosquera, constituyen «el eslabón para comunicar al público su liturgia místico-artística». El trabajo de María Magdalena Campos Pons orientado a los cruces culturales y generacionales desde una perspectiva de raza y género y también las fotografías que Carlotta Boettcher tomó sobre la revolución social de San Francisco en los años setenta.

EC: ¿Cuáles son las marcadas diferencias (si es que las hay) entre las fotógrafas de dentro y fuera de la Isla?

AD: Sí, hay diferencias y creo que la mayoría radican en las posibilidades de formación y acceso a material actualizado fuera de Cuba. Para empezar en la carrera de Historia del Arte la fotografía no cuenta con el protagonismo que pudieran tener otras expresiones artísticas y se carecen de referentes y análisis que evidencien el desarrollo de la manifestación desde un carácter historiográfico. Además se adolecen escritos sobre apreciación, estética fotográfica, semiótica de la imagen y perspectivas cuestionadoras de la fotografía per se. Por otro lado, la existencia de diferentes talleres e iniciativas particulares enfocadas en el desarrollo de la técnica analógica y digital constituye otra limitación para los creadores, pues lo conceptual termina relegado.

En mayo de 1980 en Frente al lente –primera vez que se reúnen fotógrafos y periodistas para dialogar sobre el status de la fotografía en Cuba– J. J. Vidal señala respecto a los fotógrafos que muchas veces no tienen medida de su calidad: «hacemos cosas de forma empírica y después (…) encontramos que esas cosas ya existían, pero que sencillamente no habíamos podido canalizarlas a través de estudios regulares y sistemáticos». Después, en el año 2002, Nahela Hechevarría declara en su tesis de licenciatura al referirse a la fotografía en Cuba que «la preparación culturológica que recibió la generación de artistas de los ochenta, durante sus estudios en el ISA, sin dudas influyó en el desfasaje conceptual que acusó la fotografía, al carecer de esta perspectiva teórica.» Recientemente, Grethell Morell publicó el texto Apuntes sobre la enseñanza de la fotografía en Cuba y desafortunadamente continúan siendo el encorsetamiento de los planes de estudios, la falta de una crítica activa especializada y la carencia de un pensamiento sobre la manifestación las condicionantes que provocan una disyunción entre las fotógrafas y fotógrafos de fuera y dentro de Cuba. Esta situación también conlleva a que se establezcan diferencias, en el propio país, entre las egresadas del Instituto Superior de Arte y las que tienen una formación autodidacta o provienen de talleres fotográficos.

EC: Y como ya estás a la defensiva, te doy gusto. ¿Cuáles son las marcadas diferencias (si es que las hay) entre la fotografía hecha por mujeres y por los hombres?

AD: Quiero dejar claro que esta división entre fotografía realizada por mujeres y por hombres no debe partir de una designación establecida a priori por razones de género. Entre la obra de un hombre y una mujer existen las diferencias que pudieran presentar la obra de dos artistas mujeres o dos artistas hombres, por cuanto son sujetos diferentes. Ahora bien, sin lugar a dudas, el tratamiento de tópicos asociados a la deconstrucción de la feminidad cuenta con una tradición de aproximadamente 60 años, razón por la que en estos momentos se exige la constatación de soluciones alternativas, puntos de vista diferentes y análisis críticos con respecto a las representaciones de mujeres por nuestras propias artistas. Existen propuestas de mucho valor conceptual y político y otras que recurren a estrategias facilistas y asentadas por un modus operandi que ha demostrado efectividad. Son perceptibles ciertas áreas temáticas y estilísticas enfocadas a la exploración del cuerpo, los espacios primarios de convivencia, los miedos y cambios ante la maternidad, los objetos de uso cotidiano, etc. La autorreferencialidad en su más amplia acepción protagonista, elíptica y travestida –tema que comprende una tesis de licenciatura en la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana- puede ser evidenciada tanto en la obra de fotógrafas como fotógrafos en un intento, eso sí, de reflexión desde el yo sobre lo social.

Como el lector puede darse cuenta, esta joven teórica e investigadora, tempranamente se ha propuesto un reto no únicamente interesante, sino necesario para la conformación de la memoria histórica del arte cubano, que adolece de baches muchas veces intencionados. Ella no sólo está dispuesta a responder, sino que, sin tener en cuenta que no somos un medio especializado, profundiza en sus respuestas buscando esclarecer y poniendo una nueva luz sobre la fotografía cubana.

Notas:
Este artículo fue publicado originalmente en el sitio El Nuevo Herald.
Cada artículo expresa exclusivamente las opiniones, declaraciones y acercamientos de sus autores y es responsabilidad de los mismos. Los artículos pueden ser reproducidos total o parcialmente citando la fuente y sus autores.
Sobre la autora:
Ena Columbié (Guantánamo,1957) Es licenciada en Filología. Ha obtenido numerosos premios de crítica literaria y artística, cuento y poesía. Tiene publicados diversos libros, entre ellos, Dos cuentos (Narrativa. Cuba, 1987), El Exégeta (Crítica literaria. Cuba, 1995), Ripios y Epigramas (Poesía. Estados Unidos, 2001) y Solitar (Poesía. Estados Unidos, 2012). Co-dirige las editoriales EntreRíos y AlphaBeta. Fotos suyas han sido publicadas en periódicos, revistas especializadas y libros. Ha expuesto en Ecuador, México y Estados Unidos. Dirige el blog de Ensayo y Crítica artística y literaria El Exégeta.
Imágenes destacadas en el artículo:
Aldeide Degado. Conferencia Hacia una tradición de fotografas cubanas, 2017. Centro Cultural Español de Miami. Foto: Julio de la Nuez.

Ena Columbié / Miami, 2016.

Aldeide Delgado es una joven teórica que estudió Historia del Arte en la Universidad de La Habana. Le preocupan los temas de género, raza, fotografía y abstracción dentro de las prácticas artísticas contemporáneas. Ha participado en varios eventos de la Universidad de La Habana, Casa de Las Américas, la Biblioteca Nacional de Cuba y la 12ma. Bienal de La Habana; y para darle más coherencia a los temas que le interesan, se ha enfrascado en la conformación del primer Catálogo de Fotógrafas Cubanas. Delgado estará dictando una conferencia sobre el tema en el CCEMiami, y hacia ella van dirigidas estas preguntas que ahora responde para el Nuevo Herald.

Ena Columbie: Antes de entrar en materia, me han dicho que acabas de ganar una beca sobre arte. ¡Enhorabuena! ¿Me cuentas eso?

Aldeide Delgado: Recibí hace aproximadamente dos meses una Beca de Investigación y Producción de Texto Crítico expedida por Teor/ética, un espacio para la investigación y difusión de las prácticas artísticas contemporáneas en Centroamérica y el Caribe. Teor/ética tiene su sede en Costa Rica y se ha consolidado como uno de los proyectos culturales más dinámicos en Latinoamérica con proyección y reconocimiento a escala global. Es una plataforma orientada a promover y desarrollar un pensamiento crítico en torno a las características culturales, políticas y sociales de la región en estrecha relación con el arte.

EC: Resulta muy interesante, oportuna y provechosa esa beca, ahora, con el catálogo que te has propuesto realizar. ¿Dará visibilidad solo a las fotógrafas cubanas que viven en la isla o también a las que se encuentran fuera?

AD: El Catálogo de Fotógrafas Cubanas deviene espacio de inclusión donde las mujeres que hayan trabajado la fotografía encontrarán visibilidad. Se atienden los aportes ideo-estéticos así como la significación que desde una perspectiva de género tienen algunas creadoras –hoy en día inactivas por ejemplo–. Se procura ofrecer un escenario que provea de paradigmas a las fotógrafas contemporáneas, a la vez, que permita contribuir a suplir las carencias que aun ostenta la historiografía de la manifestación. Si bien, el criterio de selección de las fotógrafas no está ceñido por delimitaciones numéricas apriorísticas, ni por las especificidades regionales; resulta necesario establecer algunas taxonomías. En este proyecto se consideran artistas que nacen y desarrollan su obra en Cuba, artistas cubanas que residen temporal o definitivamente en el extranjero, y artistas que, a pesar de no haber nacido en Cuba, han desarrollado de forma constante en el país una parte importante de su obra.

EC: Muy poco se habla de la fotografía en serio, siempre ha habido un estigma para considerarla arte; con las mujeres sucede peor, ¿puedes demostrar con tu conferencia que el trabajo fotográfico de las mujeres que incluyes, son dignos de presentarse como universales, sin la cerca de los géneros?

AD: Esta pregunta es muy peligrosa. En primer lugar, establecer la nominación «cerca de los géneros» implica reconocer cierto grado de limitación o reduccionismo en este tipo de análisis, al tiempo que ratifica el temor de diversas artistas a ser insertas en estudios con este enfoque. Una perspectiva de género más allá de cualquier noción excluyente nos salva del riesgo de invisibilizar y desconocer las especificidades de contextos artísticos diferentes. La investigadora y antropóloga Marta Lamas ha expresado en este sentido: «es un error pensar que hablar de género o de perspectiva de género es referirse a las mujeres o a la perspectiva del sexo femenino (…) una perspectiva de género impacta a mujeres y hombres y beneficia al conjunto de la sociedad, al levantar obstáculos y discriminaciones».

Ahora bien, tu interrogante tiene un segundo riesgo: ¿Qué es lo universal? O ¿Cuáles son los valores que tomamos por universales? Los estudios feministas y de manera general, las corrientes teóricas que afloraron desde la segunda mitad del siglo pasado –estudios postcoloniales, pensamiento postmoderno, estudios de masculinidades, etc.- han dedicado amplios volúmenes a la discusión de un criterio universal y esencialista que asume los cánones del sujeto masculino, blanco, católico y heterosexual. Si recordamos a Bourdieu en Razones prácticas: sobre la teoría de acción, el autor plantea que el monopolio de lo universal solo puede lograrse por medio de la sumisión –al menos aparente- a lo universal. Los valores universales son –continúa Bourdieu- valores particulares universalizados, por lo tanto sujetos a sospecha. La cultura universal es la cultura de los dominantes. De tal modo, solo resta aclarar que la perspectiva de género así como los métodos sociológico, historiográfico, semiótico, antropológico, etc. constituyen una herramienta más, para el enriquecimiento del discurso crítico en torno a la praxis artística.

EC: ¿Cuáles son los parámetros, los criterios de selección, que escogiste para el catálogo?

AD: Anteriormente enuncié algunos de los elementos tomados en cuenta para la inclusión de las artistas en el Catálogo de Fotógrafas Cubanas. Sin embargo, vale destacar la incorporación de autoras que trabajan diferentes medios como el performance, la instalación, el video y la fotografía. En el caso de estas, el Catálogo se restringe a evidenciar su labor como fotógrafas. Se asume como fundamento la vocación perceptible y constante de las creadoras hacia la manifestación fotográfica en particular, así como el reconocimiento que de ello hagan las fuentes bibliográficas.

Se consideran artistas que trabajan áreas como lo documental, el estudio u otras vertientes más hacia lo experimental y lo instalativo. Asimismo, se valoran aquellas donde la fotografía deviene instrumento idóneo para la documentación de hechos artísticos, como por ejemplo la intervención del paisaje. Me interesa destacar la riqueza temática y formal que determinados proyectos pudieran tributar a una historiografía de la manifestación.

Por otro lado, se atienden las características que cronológicamente asume la fotografía en Cuba. No se analizan por igual a las creadoras de antes y después de la década del ochenta del siglo XX. Esta etapa constituye un período de transición, en la medida que posibilita sentar las bases para la inserción de la fotografía en el escenario artístico cubano. Si antes, la fotografía estaba íntimamente ligada al fotorreporterismo, con el arribo de la década de los 80, las(os) fotógrafas(os) contaron con la anuencia in crescendo de espacios expositivos y de divulgación crítica. Las peculiaridades que entraña la realización de un proyecto tan abarcador y perfectible sin duda alguna, conlleva a establecer ciertos límites en estrecha relación con los objetivos que nos ocupan. De este modo, fotógrafas contemporáneas –entiéndase desde la década del ochenta en lo adelante- de la fotografía submarina, deportiva, de caza y periodística en su más amplia acepción no se tienen en cuenta durante esta etapa del proyecto. Se favorece la propuesta de autor, la singularidad lingüística y la significación de las imágenes en un horizonte de expectativas epocales.

EC: Sabemos que la española Encarnación Aróstegui está considerada la primera fotógrafa cubana porque fue la primera que hizo un daguerrotipo, pero, ¿cuán remoto es lo que has encontrado sobre el tema en Cuba? ¿Se queda ahí, o hay algo más atrás?

AD: Encarnación Iróstegui es considerada la primera fotógrafa en la historia del lente en Cuba no porque fue la primera que hizo un daguerrotipo, sino porque de ella se han encontrado evidencias en una fecha más temprana. Se sabe que existían varias fotógrafas actuando durante la época, Jorge Oller en su texto Grandes momentos del fotorreportaje cubano. La primera mujer fotógrafa de Cuba menciona a la matancera Isolina Amézaga durante la década de 1880 o aproximadamente 16 años después, a Clara García con su estudio de Compostela No. 60 en La Habana. También María Eugenia Haya en Sobre la fotografía cubana reconoce a Francisca Maderno como la primera mujer daguerrotipista junto a Encarnación Iróstegui. Sin embargo, no se han hallado datos que antecedan la publicación que hizo, el 4 de febrero de 1853, el Diario de La Marina donde anunció los servicios de Encarnación Iróstegui, en su galería situada en O´Reilly No. 60 entre Bernaza y Villegas.

EC: ¿Cuál es entonces la cubana, cubana, nacida en Cuba que primeramente hizo el ejercicio de la fotografía?

AD: Es muy difícil responder esta pregunta porque se carece de mucha información respecto a las fotógrafas del siglo XIX. Datos como fecha y lugares de nacimiento o muerte no es información que arrojan los censos poblaciones ni los anuarios y directorios de la Isla de Cuba. Por ejemplo, el Informe sobre el Censo de Cuba de 1899 en la Tabla XXXI Profesiones, Artes y Oficios por sexos y lugares de nacimiento establece que de 7 fotógrafas, 6 eran cubanas y una provenía de Estados Unidos. Podemos comparar esta información con las otras fotógrafas registradas mediante la prensa de la época, como por ejemplo Ida Concha o Rosa Valdés, pero datos respecto a la nacionalidad específica, son elementos que no se pueden aseverar por la carencia de documentación en este sentido.

EC: ¿Y cuál es la primera que lo hizo como arte?

AD: Sería inexacto y reduccionista establecer este tipo de límites. Si me preguntas de la fotografía alejada del mero documento periodístico o etnográfico con pretensiones publicitarias o científicas, tal vez habría que pensar en las creadoras del Club Fotográfico de Cuba (1935-1962), institución que tenía como perfil el promover y fomentar la fotografía creativa. También, durante el período republicano la revista Social (1916-1933/1935-1938) devino vehículo fundamental para la promoción de la fotografía artística en el país. En ambos, el Club Fotográfico y la Revista Social hubo exponentes fotógrafas.

EC: ¿Hacia qué tema se inclina más la fotografía de mujeres?

AD: Y, ¿hacia qué tema se inclina más la fotografía de hombres? Es evidente que nuestra condición como mujeres u hombres, nuestras experiencias de vida de manera general condicionan nuestro acercamiento al medio artístico. De ahí que estudios como la práctica autorreferencial, por ejemplo, asuman una perspectiva tan compleja, pues de algún modo u otro, existen determinados elementos o puntos de análisis provocados por el marco social y cultural donde se desarrolla el individuo y que quedan plasmados en las obras. En este sentido, desde los años sesenta del siglo pasado emergieron varias fotógrafas cuya obra se orientó a la problematización del sujeto femenino, la documentación de identidades múltiples y diversas, el reflejo de las creencias y culturas populares, etc. en una dimensión que si bien partía de las historias y herencias personales tributaban (tan) hacia la construcción de un discurso crítico de la sociedad. Pienso por ejemplo en la impronta fotográfica de Ana Mendieta donde sus fotografías, ha dicho Gerardo Mosquera, constituyen «el eslabón para comunicar al público su liturgia místico-artística». El trabajo de María Magdalena Campos Pons orientado a los cruces culturales y generacionales desde una perspectiva de raza y género y también las fotografías que Carlotta Boettcher tomó sobre la revolución social de San Francisco en los años setenta.

EC: ¿Cuáles son las marcadas diferencias (si es que las hay) entre las fotógrafas de dentro y fuera de la Isla?

AD: Sí, hay diferencias y creo que la mayoría radican en las posibilidades de formación y acceso a material actualizado fuera de Cuba. Para empezar en la carrera de Historia del Arte la fotografía no cuenta con el protagonismo que pudieran tener otras expresiones artísticas y se carecen de referentes y análisis que evidencien el desarrollo de la manifestación desde un carácter historiográfico. Además se adolecen escritos sobre apreciación, estética fotográfica, semiótica de la imagen y perspectivas cuestionadoras de la fotografía per se. Por otro lado, la existencia de diferentes talleres e iniciativas particulares enfocadas en el desarrollo de la técnica analógica y digital constituye otra limitación para los creadores, pues lo conceptual termina relegado.

En mayo de 1980 en Frente al lente –primera vez que se reúnen fotógrafos y periodistas para dialogar sobre el status de la fotografía en Cuba– J. J. Vidal señala respecto a los fotógrafos que muchas veces no tienen medida de su calidad: «hacemos cosas de forma empírica y después (…) encontramos que esas cosas ya existían, pero que sencillamente no habíamos podido canalizarlas a través de estudios regulares y sistemáticos». Después, en el año 2002, Nahela Hechevarría declara en su tesis de licenciatura al referirse a la fotografía en Cuba que «la preparación culturológica que recibió la generación de artistas de los ochenta, durante sus estudios en el ISA, sin dudas influyó en el desfasaje conceptual que acusó la fotografía, al carecer de esta perspectiva teórica.» Recientemente, Grethell Morell publicó el texto Apuntes sobre la enseñanza de la fotografía en Cuba y desafortunadamente continúan siendo el encorsetamiento de los planes de estudios, la falta de una crítica activa especializada y la carencia de un pensamiento sobre la manifestación las condicionantes que provocan una disyunción entre las fotógrafas y fotógrafos de fuera y dentro de Cuba. Esta situación también conlleva a que se establezcan diferencias, en el propio país, entre las egresadas del Instituto Superior de Arte y las que tienen una formación autodidacta o provienen de talleres fotográficos.

EC: Y como ya estás a la defensiva, te doy gusto. ¿Cuáles son las marcadas diferencias (si es que las hay) entre la fotografía hecha por mujeres y por los hombres?

AD: Quiero dejar claro que esta división entre fotografía realizada por mujeres y por hombres no debe partir de una designación establecida a priori por razones de género. Entre la obra de un hombre y una mujer existen las diferencias que pudieran presentar la obra de dos artistas mujeres o dos artistas hombres, por cuanto son sujetos diferentes. Ahora bien, sin lugar a dudas, el tratamiento de tópicos asociados a la deconstrucción de la feminidad cuenta con una tradición de aproximadamente 60 años, razón por la que en estos momentos se exige la constatación de soluciones alternativas, puntos de vista diferentes y análisis críticos con respecto a las representaciones de mujeres por nuestras propias artistas. Existen propuestas de mucho valor conceptual y político y otras que recurren a estrategias facilistas y asentadas por un modus operandi que ha demostrado efectividad. Son perceptibles ciertas áreas temáticas y estilísticas enfocadas a la exploración del cuerpo, los espacios primarios de convivencia, los miedos y cambios ante la maternidad, los objetos de uso cotidiano, etc. La autorreferencialidad en su más amplia acepción protagonista, elíptica y travestida –tema que comprende una tesis de licenciatura en la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana- puede ser evidenciada tanto en la obra de fotógrafas como fotógrafos en un intento, eso sí, de reflexión desde el yo sobre lo social.

Como el lector puede darse cuenta, esta joven teórica e investigadora, tempranamente se ha propuesto un reto no únicamente interesante, sino necesario para la conformación de la memoria histórica del arte cubano, que adolece de baches muchas veces intencionados. Ella no sólo está dispuesta a responder, sino que, sin tener en cuenta que no somos un medio especializado, profundiza en sus respuestas buscando esclarecer y poniendo una nueva luz sobre la fotografía cubana.

Notas:
Este artículo fue publicado originalmente en el sitio El Nuevo Herald.
Cada artículo expresa exclusivamente las opiniones, declaraciones y acercamientos de sus autores y es responsabilidad de los mismos. Los artículos pueden ser reproducidos total o parcialmente citando la fuente y sus autores.
Sobre la autora:
Ena Columbié (Guantánamo,1957) Es licenciada en Filología. Ha obtenido numerosos premios de crítica literaria y artística, cuento y poesía. Tiene publicados diversos libros, entre ellos, Dos cuentos (Narrativa. Cuba, 1987), El Exégeta (Crítica literaria. Cuba, 1995), Ripios y Epigramas (Poesía. Estados Unidos, 2001) y Solitar (Poesía. Estados Unidos, 2012). Co-dirige las editoriales EntreRíos y AlphaBeta. Fotos suyas han sido publicadas en periódicos, revistas especializadas y libros. Ha expuesto en Ecuador, México y Estados Unidos. Dirige el blog de Ensayo y Crítica artística y literaria El Exégeta.
Imágenes destacadas en el artículo:
Aldeide Degado. Conferencia Hacia una tradición de fotografas cubanas, 2017. Centro Cultural Español de Miami. Foto: Julio de la Nuez.
2018-09-03T15:28:18+00:00
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