Yenny Hernández Valdés / La Habana, 2015.

Yanahara Mauri (La Habana, 1984) es una joven fotógrafa cubana que se ha aventurado, desde sus inicios, a indagar sobre problemáticas sociales de índole feminista, sexual, sobre aspectos heteros y homos y su consecuente incidencia en la sociedad contemporánea, tomando como medio para ello la fotografía. De manera consciente y para nada gratuita, esta artista opta por imbricar sus turbaciones artísticas y personales en la imagen fotográfica. Se proyecta desde una postura provocadora, donde más allá de imponer un criterio, intenta sugerir, persuadir, desafiar al espectador, pretendiendo diluir las fronteras entre lo establecido y lo prohibido.

Yenny Hernández Valdés: ¿Qué te motivó a hacer fotografía y por qué la inclinación hacia el cuerpo?

Yanahara Mauri: Desde niña me gustaba mirar las fotografías que mi papá nos tomaba a mi hermano y a mí con una cámara Zenit. Así las imágenes captadas a lo largo de los años, vistas nuevamente, no dejaban de poseer ese poder de congelar el instante y retroceder en el tiempo. Luego me motivó la fotografía como un medio de expresión, como herramienta para transmitir sensaciones, ideas, problemáticas y criterios.

Mi producción fotográfica no es muy extensa, pero no me centrado solamente en el cuerpo, sino que también he trabajado otras aristas. Es cierto que una parte de mi trabajo focaliza el cuerpo pero siempre como soporte para expresar tópicos específicos. No lo utilizo por su belleza o fealdad, o por una cuestión estética meramente; sino que trato de emplearlo como vehículo de ideas y de diversas problemáticas relacionadas con ser mujer y todos los roles que debemos asumir ante la sociedad. Es por esto que en mis imágenes, muchas veces, no sólo está presente el cuerpo humano, sino también objetos relacionados con la vida cotidiana que ya de por sí tienen una carga simbólica por el peso que la tradición ha generado sobre ellos. Primeramente, intento realizar un boceto de la imagen o la idea que quiero obtener antes de hacer la fotografía. Visualizo la imagen en mi cabeza antes de hacer la foto, luego la llevo al papel a manera de boceto, y de este modo organizo cada elemento para así obtener un mejor resultado en la transmisión del mensaje. 

YHV: ¿Qué sentimientos se generan entre el fotógrafo y su modelo?

YM: He expuesto fotografías donde se muestran mujeres desnudas, siempre con un interés que va más allá del desnudo propiamente y en el público eso ha provocado reacciones diversas, desde cierto rechazo hasta criterios más positivos. Aunque, indudablemente trabajar con personas es un poco complejo. Debes siempre tener tacto, acercarte no como un extraño, sino tratar de explicarle a la persona qué es lo que quieres lograr, cuál es tu interés, cómo quieres que se vea, cuál es la historia que se quiere contar…

En muchas de mis fotografías he tratado que la persona establezca un vínculo conmigo, que no se sienta incómoda. Generalmente, la idea que quiero transmitir tiene que ver con la historia personal del modelo que posa, porque he tenido una conexión previa con el mismo, y esto me facilita el resultado de la imagen y su veracidad a pesar de ser fotografías pensadas y preparadas conscientemente. 

YHV: ¿Has seguido durante tu producción alguna corriente anterior o influencias de artistas maestros?

YM: Creo que haber estudiado Historia del Arte y haber visto imágenes de disímiles manifestaciones artísticas a lo largo del estudio de la carrera ha tenido un peso fundamental en mi trabajo. He visto también mucha fotografía, tanto nacional como extranjera, pero no pudiera hablar de una sola influencia, sino de que todo este laberinto de imágenes ha influido en mi forma de trabajar, ha enriquecido mi visión del mundo. No sólo puedo hablar de estas influencias, debo mencionar también la literatura y algunas teóricas feministas que he leído, de gran peso para la conformación de mis ideas y criterios.

De manera general, mi trabajo encuentra puntos de contactos con la fotografía cubana de los noventa por el énfasis en el concepto que quiero transmitir en cada imagen. Aunque debo señalar que esto no es algo solo apreciable en la fotografía cubana, sino también una realidad en el campo de la fotografía internacional.

Mi interés más que en el acabado de la imagen se centra en comunicar, en señalar problemáticas o en mostrar otras maneras del “ser”. Más allá de considerarme una fotógrafa técnicamente hablando, mi interés es utilizar la cámara como herramienta para la comunicación.

En mis imágenes suelo recurrir a lo teatral a través de las expresiones o gestos de los modelos, para enfatizar sobre el tema a desarrollar. Es por esto que aprovecho todo el proceso y el diálogo con la persona que posa antes de captar una imagen, trato de que se produzca una transmisión, una intercomunicación desde que trazo el boceto en mi cabeza o en un papel hasta el paso último de obtención de la imagen.

Me interesa expresar otras maneras de ser mujer, trato de romper con los estereotipos que se han creado culturalmente, relacionados con el hecho de nacer bajo el signo del sexo femenino. Mis fotos tratan de acercar la mirada del otro a un universo múltiple, complejo, donde las etiquetas se desdibujan. El desnudo ha sido y continúa siendo uno de los géneros fundamentales desde donde se expresa el arte. El cuerpo fragmentado es tan idóneo para transmitir mensajes y sensaciones como el retrato de cuerpo entero, sólo hay que saber qué se quiere transmitir con el fragmento. Todo está relacionado con la intención que tenga el autor al hacer su selección. 

YHV: ¿Trabajas la fotografía de manera tradicional o la trabajas digitalmente?

YM: He utilizado las herramientas digitales como medio para obtener mejores resultados en cuanto a subexponer el fondo de alguna imagen, suprimir alguna mancha o sombra cuando he trabajado con negativos escaneado; pero no la he utilizado para introducir algún elemento o hacer deformaciones en la imagen desde el punto de vista de la composición.

En cuanto a los ambientes, no los creo digitalmente, sino que trato de buscar la pose que me interesa del modelo, la que me logre convencer en el momento de la puesta en escena. No suelo darle mucha relevancia a los ambientes porque me interesa centrarme en el sujeto, y para ello muchas veces me valgo de telas en los fondos para abstraerlo y focalizarlo, y puede que también algún objeto determinado como apoyo para la imagen a crear. 

YHV: ¿Crees que temáticas como la homosexualidad, el racismo, la vejez, la muerte, los discursos de género, trabajados desde la fotografía, mantienen el peso de la crítica y los prejuicios sociales actualmente?

YM: Las funciones del arte son múltiples. Cuando realizo una fotografía, en muchas ocasiones no busco la belleza, mis intereses están volcados más hacia cuestionar determinados tópicos. Esto no quiere decir que en el arte contemporáneo no existan las perspectivas donde se busca “lo bello” en temas aberrantes para muchos. Hay temas y temas. Por supuesto que un desnudo sobre la homosexualidad puede ser bello, ¿por qué dejaría de serlo si estuviera bien logrado?

La hetero-norma sólo ve belleza en su prototipo, dejando a un lado el resto de las orientaciones sexuales. La vejez también lo es o pudiera serlo en dependencia de la intención que quiera dar el autor y desde dónde se mira (espectador), y del resultado visual. El racismo o la muerte, ya tiene que ver más con una posición ética, son temas delicados, y más que belleza tienden a transmitir dolor, pérdida y sufrimiento. Otra cosa es hablar de la diferencia racial, y de cómo cada raza encierra su belleza propia. Ahora, si hablas de “La Muerte” como algo genérico, entonces sí pudiera hablarse de belleza, todo está relacionado con la forma en la que se le represente, y desde donde se emita el mensaje. Hay muchas culturas en las que la muerte se recibe de manera positiva.

El mayor problema para mí se centra en seguir viendo el cuerpo y el desnudo como algo asociado a lo bello. Aquí radican, a mi parecer, todos los prejuicios que este género sigue arrastrando. Cuando el desnudo traspasa las fronteras de lo bello y de la norma, ahí es donde comienza el conflicto. Cuando roza lo erótico, lo pornográfico, lo grotesco…, comienza a provocar reacciones. Hay espacios donde el desnudo debe pasar por un filtro para ser aceptado y exhibido. La desnudez demasiado provocativa o impactante puede ser rechazada o ser vista incluso como “no-arte”. Algo similar ocurre con las obras que tengan un contenido político o muy crítico sobre la realidad social actual. No creo que el desnudo o el tratamiento del cuerpo desde la fotografía sea un tema tabú, aunque es indudable que una pequeña parte de nuestra sociedad mantiene ciertos recelos respecto a tales temas e imágenes, sobre todo cuando se traspasan los límites de la norma.

Notas:
Este artículo fue publicado originalmente en el sitio Art OnCuba.
Cada artículo expresa exclusivamente las opiniones, declaraciones y acercamientos de sus autores y es responsabilidad de los mismos. Los artículos pueden ser reproducidos total o parcialmente citando la fuente y sus autores.
Sobre la autora:
Yenny Hernández Valdés es licenciada en Historia del Arte por la Universidad de La Habana. Trabaja como especialista en Promoción Cultural en el Palacio del Segundo Cabo: Centro para la Interpretación de las Relaciones Culturales entre Cuba y Europa. Ganó una Mención honorífica otorgada por la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA) en el concurso Incentivo a Jóvenes Críticos 2016. Textos suyos pueden encontrarse en el boletín Noticias de Arte Cubano, Cuban Art News, CdeCuba, Art on Cuba, La Jiribilla, entre otros.
Imágenes destacadas en el artículo:
Yanahara Mauri. Sin título, 2015. Fotografía digital. © Yanahara Mauri. Cortesía de la artista.

Yenny Hernández Valdés / La Habana, 2015.

Yanahara Mauri (La Habana, 1984) es una joven fotógrafa cubana que se ha aventurado, desde sus inicios, a indagar sobre problemáticas sociales de índole feminista, sexual, sobre aspectos heteros y homos y su consecuente incidencia en la sociedad contemporánea, tomando como medio para ello la fotografía. De manera consciente y para nada gratuita, esta artista opta por imbricar sus turbaciones artísticas y personales en la imagen fotográfica. Se proyecta desde una postura provocadora, donde más allá de imponer un criterio, intenta sugerir, persuadir, desafiar al espectador, pretendiendo diluir las fronteras entre lo establecido y lo prohibido.

Yenny Hernández Valdés: ¿Qué te motivó a hacer fotografía y por qué la inclinación hacia el cuerpo?

Yanahara Mauri: Desde niña me gustaba mirar las fotografías que mi papá nos tomaba a mi hermano y a mí con una cámara Zenit. Así las imágenes captadas a lo largo de los años, vistas nuevamente, no dejaban de poseer ese poder de congelar el instante y retroceder en el tiempo. Luego me motivó la fotografía como un medio de expresión, como herramienta para transmitir sensaciones, ideas, problemáticas y criterios.

Mi producción fotográfica no es muy extensa, pero no me centrado solamente en el cuerpo, sino que también he trabajado otras aristas. Es cierto que una parte de mi trabajo focaliza el cuerpo pero siempre como soporte para expresar tópicos específicos. No lo utilizo por su belleza o fealdad, o por una cuestión estética meramente; sino que trato de emplearlo como vehículo de ideas y de diversas problemáticas relacionadas con ser mujer y todos los roles que debemos asumir ante la sociedad. Es por esto que en mis imágenes, muchas veces, no sólo está presente el cuerpo humano, sino también objetos relacionados con la vida cotidiana que ya de por sí tienen una carga simbólica por el peso que la tradición ha generado sobre ellos. Primeramente, intento realizar un boceto de la imagen o la idea que quiero obtener antes de hacer la fotografía. Visualizo la imagen en mi cabeza antes de hacer la foto, luego la llevo al papel a manera de boceto, y de este modo organizo cada elemento para así obtener un mejor resultado en la transmisión del mensaje. 

YHV: ¿Qué sentimientos se generan entre el fotógrafo y su modelo?

YM: He expuesto fotografías donde se muestran mujeres desnudas, siempre con un interés que va más allá del desnudo propiamente y en el público eso ha provocado reacciones diversas, desde cierto rechazo hasta criterios más positivos. Aunque, indudablemente trabajar con personas es un poco complejo. Debes siempre tener tacto, acercarte no como un extraño, sino tratar de explicarle a la persona qué es lo que quieres lograr, cuál es tu interés, cómo quieres que se vea, cuál es la historia que se quiere contar…

En muchas de mis fotografías he tratado que la persona establezca un vínculo conmigo, que no se sienta incómoda. Generalmente, la idea que quiero transmitir tiene que ver con la historia personal del modelo que posa, porque he tenido una conexión previa con el mismo, y esto me facilita el resultado de la imagen y su veracidad a pesar de ser fotografías pensadas y preparadas conscientemente. 

YHV: ¿Has seguido durante tu producción alguna corriente anterior o influencias de artistas maestros?

YM: Creo que haber estudiado Historia del Arte y haber visto imágenes de disímiles manifestaciones artísticas a lo largo del estudio de la carrera ha tenido un peso fundamental en mi trabajo. He visto también mucha fotografía, tanto nacional como extranjera, pero no pudiera hablar de una sola influencia, sino de que todo este laberinto de imágenes ha influido en mi forma de trabajar, ha enriquecido mi visión del mundo. No sólo puedo hablar de estas influencias, debo mencionar también la literatura y algunas teóricas feministas que he leído, de gran peso para la conformación de mis ideas y criterios.

De manera general, mi trabajo encuentra puntos de contactos con la fotografía cubana de los noventa por el énfasis en el concepto que quiero transmitir en cada imagen. Aunque debo señalar que esto no es algo solo apreciable en la fotografía cubana, sino también una realidad en el campo de la fotografía internacional.

Mi interés más que en el acabado de la imagen se centra en comunicar, en señalar problemáticas o en mostrar otras maneras del “ser”. Más allá de considerarme una fotógrafa técnicamente hablando, mi interés es utilizar la cámara como herramienta para la comunicación.

En mis imágenes suelo recurrir a lo teatral a través de las expresiones o gestos de los modelos, para enfatizar sobre el tema a desarrollar. Es por esto que aprovecho todo el proceso y el diálogo con la persona que posa antes de captar una imagen, trato de que se produzca una transmisión, una intercomunicación desde que trazo el boceto en mi cabeza o en un papel hasta el paso último de obtención de la imagen.

Me interesa expresar otras maneras de ser mujer, trato de romper con los estereotipos que se han creado culturalmente, relacionados con el hecho de nacer bajo el signo del sexo femenino. Mis fotos tratan de acercar la mirada del otro a un universo múltiple, complejo, donde las etiquetas se desdibujan. El desnudo ha sido y continúa siendo uno de los géneros fundamentales desde donde se expresa el arte. El cuerpo fragmentado es tan idóneo para transmitir mensajes y sensaciones como el retrato de cuerpo entero, sólo hay que saber qué se quiere transmitir con el fragmento. Todo está relacionado con la intención que tenga el autor al hacer su selección. 

YHV: ¿Trabajas la fotografía de manera tradicional o la trabajas digitalmente?

YM: He utilizado las herramientas digitales como medio para obtener mejores resultados en cuanto a subexponer el fondo de alguna imagen, suprimir alguna mancha o sombra cuando he trabajado con negativos escaneado; pero no la he utilizado para introducir algún elemento o hacer deformaciones en la imagen desde el punto de vista de la composición.

En cuanto a los ambientes, no los creo digitalmente, sino que trato de buscar la pose que me interesa del modelo, la que me logre convencer en el momento de la puesta en escena. No suelo darle mucha relevancia a los ambientes porque me interesa centrarme en el sujeto, y para ello muchas veces me valgo de telas en los fondos para abstraerlo y focalizarlo, y puede que también algún objeto determinado como apoyo para la imagen a crear. 

YHV: ¿Crees que temáticas como la homosexualidad, el racismo, la vejez, la muerte, los discursos de género, trabajados desde la fotografía, mantienen el peso de la crítica y los prejuicios sociales actualmente?

YM: Las funciones del arte son múltiples. Cuando realizo una fotografía, en muchas ocasiones no busco la belleza, mis intereses están volcados más hacia cuestionar determinados tópicos. Esto no quiere decir que en el arte contemporáneo no existan las perspectivas donde se busca “lo bello” en temas aberrantes para muchos. Hay temas y temas. Por supuesto que un desnudo sobre la homosexualidad puede ser bello, ¿por qué dejaría de serlo si estuviera bien logrado?

La hetero-norma sólo ve belleza en su prototipo, dejando a un lado el resto de las orientaciones sexuales. La vejez también lo es o pudiera serlo en dependencia de la intención que quiera dar el autor y desde dónde se mira (espectador), y del resultado visual. El racismo o la muerte, ya tiene que ver más con una posición ética, son temas delicados, y más que belleza tienden a transmitir dolor, pérdida y sufrimiento. Otra cosa es hablar de la diferencia racial, y de cómo cada raza encierra su belleza propia. Ahora, si hablas de “La Muerte” como algo genérico, entonces sí pudiera hablarse de belleza, todo está relacionado con la forma en la que se le represente, y desde donde se emita el mensaje. Hay muchas culturas en las que la muerte se recibe de manera positiva.

El mayor problema para mí se centra en seguir viendo el cuerpo y el desnudo como algo asociado a lo bello. Aquí radican, a mi parecer, todos los prejuicios que este género sigue arrastrando. Cuando el desnudo traspasa las fronteras de lo bello y de la norma, ahí es donde comienza el conflicto. Cuando roza lo erótico, lo pornográfico, lo grotesco…, comienza a provocar reacciones. Hay espacios donde el desnudo debe pasar por un filtro para ser aceptado y exhibido. La desnudez demasiado provocativa o impactante puede ser rechazada o ser vista incluso como “no-arte”. Algo similar ocurre con las obras que tengan un contenido político o muy crítico sobre la realidad social actual. No creo que el desnudo o el tratamiento del cuerpo desde la fotografía sea un tema tabú, aunque es indudable que una pequeña parte de nuestra sociedad mantiene ciertos recelos respecto a tales temas e imágenes, sobre todo cuando se traspasan los límites de la norma.

Notas:
Este artículo fue publicado originalmente en el sitio Art OnCuba.
Cada artículo expresa exclusivamente las opiniones, declaraciones y acercamientos de sus autores y es responsabilidad de los mismos. Los artículos pueden ser reproducidos total o parcialmente citando la fuente y sus autores.
Sobre la autora:
Yenny Hernández Valdés es licenciada en Historia del Arte por la Universidad de La Habana. Trabaja como especialista en Promoción Cultural en el Palacio del Segundo Cabo: Centro para la Interpretación de las Relaciones Culturales entre Cuba y Europa. Ganó una Mención honorífica otorgada por la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA) en el concurso Incentivo a Jóvenes Críticos 2016. Textos suyos pueden encontrarse en el boletín Noticias de Arte Cubano, Cuban Art News, CdeCuba, Art on Cuba, La Jiribilla, entre otros.
Imágenes destacadas en el artículo:
Yanahara Mauri. Sin título, 2015. Fotografía digital. © Yanahara Mauri. Cortesía de la artista.