UNA FOTOGRAFÍA CUBANA QUE INTENTA RENOVARSE

Ana Gabriela Ballate / La Habana, 2014.

Las artes visuales cubanas se han caracterizado por un despliegue de géneros y soportes que le otorgan el estatus de una perentoria diversidad. En los últimos quince años, las nuevas tendencias artísticas han marcado a la fotografía. Las obras muchas veces son concebidas a modo de sketch audiovisual, como si de una narración o de un video en imágenes fijas se tratara. Y en muchos casos se confirma un carácter performático por la manera en que se suponen, ya sea como documentación de un hecho artístico o de una realidad construida, más allá de una realidad determinada.

Es palpable la existencia, en esta fotografía, de varias ideas comunes a la tradición fotográfica de los noventa. La inquietud por temas globales y personales, desde la individualidad más que desde el colectivo, es una de estas constantes, en las cuales varía la forma de expresión a mayor escala que la expresión misma. Es así como se abordan las preocupaciones desde un “yo” personal y sus problemáticas de existencia y desarrollo en la sociedad, tanto como desde el ser social y sus penas individuales, por solo citar un ejemplo.

Sin embargo, con la llegada del nuevo milenio, la manifestación ha transitado aún más hacia la ambigüedad, la cual puede ser de significados o técnica. Una de las características del período ha sido la experimentación plástica, aunque, desde el punto de vista de la técnica, la continuidad es notable. No obstante, los artistas se han acercado a nociones como la documentación (no solo de sucesos, sino ahora de hechos artísticos) y las bellas artes, con un mayor cuidado estético, acento plástico e, incluso, simulándola pintura.

Entre los géneros abordados, el empleo del autorretrato es constante, ya sea para cuestionar estereotipos, como para versar sobre generaciones, preocupaciones existenciales o introspectivas. Ariadne Suárez y Mabel Llevat, destacan en eso. Escenarios interiores y paisajes urbanos, motivos como naturalezas muertas, retratos, desnudos, personajes callejeros, y hechos testimoniales son capturados y manipulados. Todo ello con un lenguaje abundante en símbolos y significados, a tono con lo más novedoso de la producción visual cubana, es abordado por artistas como Jorge Otero y Jesús Hdez-Güero, por citar dos ejemplos.

La diversidad de temas a abordar y la manera en que se lleva a cabo el ejercicio creativo conducen al reconocimiento de las nuevas obras como una variante visual proclive a ser reconocida. Los discursos han quedado insertados en posturas más accesibles de crítica y participación social y, quizás, menos obligatorias de género y lenguaje, a excepción de algunas figuras como Hurí Herrera y algunas series de Yuri Obregón o Lidzie Alvisa, que tienen una marcada poética referente a los roles de género.

Las influencias externas, tanto a nivel geográfico como a nivel artístico, conforman y fortalecen los principios ideoestéticos de una sensibilidad diferente, pues el hecho de que muchos de estos fotógrafos se formen como artistas de otra rama, y la misma dinámica de la contemporaneidad y el postmodernismo, han posibilitado el préstamo, la relación o la contaminación, entre esta y otras manifestaciones. Los vínculos de la fotografía con el diseño y sus posibilidades experimentales, así como su utilidad en el performance y el videoarte, motivan a los creadores a desarrollarse en este ámbito de relaciones.

Desde visiones grupales surgidas en el Taller de Fotografía del Instituto Superior de Arte, la Escuela de Fotografía Creativa de La Habana, y algunos cursos o talleres impartidos por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) u otras instituciones, hasta síntomas individuales, reflejo del completo autodidactismo, se desdibujan las nociones preestablecidas. Creadores como Lidzie Alvisa, Mabel Poblet, Julio César Llópiz y Rodney Batista, entre otros, son reflejo de la individualidad innovadora que emerge en el siglo, y propuestas como las del grupo Quinqué, resaltan la importancia del trabajo colectivo. Todos ellos, con su obra, ponen de manifiesto la existencia de una fotografía cubana que, para expresar sus realidades, se renueva con fuerza.

Estos emergentes artistas se han establecido sobre un conjunto de posturas que se desplazan hacia la reflexión social, en su última instancia, y que se verifica en la foto impresa. No se detienen en bondades, sino en atacar al espectador con mensajes, que pueden tener de estético lo que tienen de grotescos. Son estos los ejemplos de lo que se pudiera considerar una nueva fotografía, a la cual le queda aún mucho por recorrer y definir, pero que va, sin dudas, labrando el camino hacia una nueva expresión: juvenil, un tanto irreverente, internacional y a la vez cubana.

Notas:
Este artículo fue publicado originalmente en el sitio Art OnCuba.
Cada artículo expresa exclusivamente las opiniones, declaraciones y acercamientos de sus autores y es responsabilidad de los mismos. Los artículos pueden ser reproducidos total o parcialmente citando la fuente y sus autores.
Sobre la autora:
Ana Gabriela Ballate (La Habana, 1990) Licenciada en Historia del Arte en la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana. Trabajó como especialista en el Programa de Culturas Originarias de América en Casa de las Américas. Actualmente se desempeña como Asistente de Dirección de Galleria Continua en La Habana.
Imágenes destacadas en el artículo:
Lidzie Alvisa. Profesional. Serie Rodapiés, 2015. 80 x 200 cm. © Lidzie Alvisa. Cortesía de la artista.

Ana Gabriela Ballate / La Habana, 2014.

Las artes visuales cubanas se han caracterizado por un despliegue de géneros y soportes que le otorgan el estatus de una perentoria diversidad. En los últimos quince años, las nuevas tendencias artísticas han marcado a la fotografía. Las obras muchas veces son concebidas a modo de sketch audiovisual, como si de una narración o de un video en imágenes fijas se tratara. Y en muchos casos se confirma un carácter performático por la manera en que se suponen, ya sea como documentación de un hecho artístico o de una realidad construida, más allá de una realidad determinada.

Es palpable la existencia, en esta fotografía, de varias ideas comunes a la tradición fotográfica de los noventa. La inquietud por temas globales y personales, desde la individualidad más que desde el colectivo, es una de estas constantes, en las cuales varía la forma de expresión a mayor escala que la expresión misma. Es así como se abordan las preocupaciones desde un “yo” personal y sus problemáticas de existencia y desarrollo en la sociedad, tanto como desde el ser social y sus penas individuales, por solo citar un ejemplo.

Sin embargo, con la llegada del nuevo milenio, la manifestación ha transitado aún más hacia la ambigüedad, la cual puede ser de significados o técnica. Una de las características del período ha sido la experimentación plástica, aunque, desde el punto de vista de la técnica, la continuidad es notable. No obstante, los artistas se han acercado a nociones como la documentación (no solo de sucesos, sino ahora de hechos artísticos) y las bellas artes, con un mayor cuidado estético, acento plástico e, incluso, simulándola pintura.

Entre los géneros abordados, el empleo del autorretrato es constante, ya sea para cuestionar estereotipos, como para versar sobre generaciones, preocupaciones existenciales o introspectivas. Ariadne Suárez y Mabel Llevat, destacan en eso. Escenarios interiores y paisajes urbanos, motivos como naturalezas muertas, retratos, desnudos, personajes callejeros, y hechos testimoniales son capturados y manipulados. Todo ello con un lenguaje abundante en símbolos y significados, a tono con lo más novedoso de la producción visual cubana, es abordado por artistas como Jorge Otero y Jesús Hdez-Güero, por citar dos ejemplos.

La diversidad de temas a abordar y la manera en que se lleva a cabo el ejercicio creativo conducen al reconocimiento de las nuevas obras como una variante visual proclive a ser reconocida. Los discursos han quedado insertados en posturas más accesibles de crítica y participación social y, quizás, menos obligatorias de género y lenguaje, a excepción de algunas figuras como Hurí Herrera y algunas series de Yuri Obregón o Lidzie Alvisa, que tienen una marcada poética referente a los roles de género.

Las influencias externas, tanto a nivel geográfico como a nivel artístico, conforman y fortalecen los principios ideoestéticos de una sensibilidad diferente, pues el hecho de que muchos de estos fotógrafos se formen como artistas de otra rama, y la misma dinámica de la contemporaneidad y el postmodernismo, han posibilitado el préstamo, la relación o la contaminación, entre esta y otras manifestaciones. Los vínculos de la fotografía con el diseño y sus posibilidades experimentales, así como su utilidad en el performance y el videoarte, motivan a los creadores a desarrollarse en este ámbito de relaciones.

Desde visiones grupales surgidas en el Taller de Fotografía del Instituto Superior de Arte, la Escuela de Fotografía Creativa de La Habana, y algunos cursos o talleres impartidos por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) u otras instituciones, hasta síntomas individuales, reflejo del completo autodidactismo, se desdibujan las nociones preestablecidas. Creadores como Lidzie Alvisa, Mabel Poblet, Julio César Llópiz y Rodney Batista, entre otros, son reflejo de la individualidad innovadora que emerge en el siglo, y propuestas como las del grupo Quinqué, resaltan la importancia del trabajo colectivo. Todos ellos, con su obra, ponen de manifiesto la existencia de una fotografía cubana que, para expresar sus realidades, se renueva con fuerza.

Estos emergentes artistas se han establecido sobre un conjunto de posturas que se desplazan hacia la reflexión social, en su última instancia, y que se verifica en la foto impresa. No se detienen en bondades, sino en atacar al espectador con mensajes, que pueden tener de estético lo que tienen de grotescos. Son estos los ejemplos de lo que se pudiera considerar una nueva fotografía, a la cual le queda aún mucho por recorrer y definir, pero que va, sin dudas, labrando el camino hacia una nueva expresión: juvenil, un tanto irreverente, internacional y a la vez cubana.

Notas:
Este artículo fue publicado originalmente en el sitio Art OnCuba.
Cada artículo expresa exclusivamente las opiniones, declaraciones y acercamientos de sus autores y es responsabilidad de los mismos. Los artículos pueden ser reproducidos total o parcialmente citando la fuente y sus autores.
Sobre la autora:
Ana Gabriela Ballate (La Habana, 1990) Licenciada en Historia del Arte en la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana. Trabajó como especialista en el Programa de Culturas Originarias de América en Casa de las Américas. Actualmente se desempeña como Asistente de Dirección de Galleria Continua en La Habana.
Imágenes destacadas en el artículo:
Lidzie Alvisa. Profesional. Serie Rodapiés, 2015. 80 x 200 cm. © Lidzie Alvisa. Cortesía de la artista.
2018-09-03T15:26:40+00:00
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